Antes de convertirse en una de las psicólogas más citadas en educación, Angela Lee Duckworth dejó un trabajo en consultoría para enseñar matemáticas a estudiantes de séptimo grado en Nueva York. Allí notó algo que la intrigó: los estudiantes con mejores resultados no siempre eran los que parecían más “talentosos”.
En 2013 resumió lo que había descubierto en una charla TED de apenas seis minutos: “Grit: el poder de la pasión y la perseverancia”.
¿Qué es el grit?
Duckworth lo define como pasión y perseverancia por metas a largo plazo. Es la capacidad de mantenerse comprometido con un objetivo durante años —no solo días o semanas— y seguir adelante cuando las cosas se ponen difíciles.
En otras palabras: tomarse la vida como una maratón, no como una carrera de velocidad.
Lo que encontró su investigación
Ya como investigadora, Duckworth estudió personas en contextos muy exigentes y distintos entre sí, como:
- Cadetes de la academia militar de West Point, para ver quiénes completaban su exigente entrenamiento inicial.
- Participantes de un concurso nacional de deletreo, para ver quiénes llegaban más lejos.
- Docentes nuevos en escuelas de contextos difíciles, para ver quiénes se quedaban y lograban mejores resultados.
- Vendedores, para ver quiénes conservaban su empleo.
En todos los casos, el grit resultó ser un mejor predictor del éxito que factores como el talento aparente o el coeficiente intelectual.
Lo que todavía no sabemos
Uno de los momentos más honestos de la charla llega al final: Duckworth reconoce que todavía se sabe poco sobre cómo desarrollar el grit. Sin embargo, menciona una pista prometedora: la mentalidad de crecimiento, estudiada por la psicóloga Carol Dweck, que es la creencia de que las capacidades no son fijas y pueden mejorar con esfuerzo.
Cuando un estudiante entiende que fallar no significa “no soy bueno para esto”, sino “todavía no lo domino”, es más probable que persista.
Ideas para cultivar el grit en el colegio
- Metas de largo plazo, divididas en pasos. Un objetivo grande se vuelve alcanzable cuando el estudiante ve su avance semana a semana.
- Elogiar el esfuerzo y la estrategia, no solo el resultado o la “inteligencia”.
- Normalizar el error. Retroalimentación frecuente, segundas oportunidades y espacios para corregir.
- Ayudar a encontrar la pasión. La perseverancia es más fácil cuando el estudiante se interesa de verdad en lo que hace.
- Hacer visible el progreso. Portafolios, registros de avance e indicadores ayudan a que estudiantes y docentes vean cuánto han crecido.
Este último punto también aplica a las instituciones: así como un estudiante necesita ver su progreso, un colegio necesita metas claras e indicadores para saber si va por buen camino. Es la idea detrás de Metalia, nuestro sistema para dar seguimiento a las metas institucionales.
Para cerrar
El mensaje de Duckworth es esperanzador: el éxito no depende solo de con qué naciste, sino de cuánto estás dispuesto a sostener el esfuerzo por algo que te importa. Y eso se puede enseñar, acompañar y celebrar en cada aula.